Una de las noticias más sonadas de los últimos días ha sido el lanzamiento de la nueva pirámide nutricional de EEUU. 


En esta nueva pirámide se da un mayor protagonismo a las proteínas animales y los lácteos, junto con verduras, frutas y grasas saludables. Y se minimiza la relevancia de cereales, carbohidratos, azúcares y ultraprocesados (estos últimos a limitar). La forma de representar esta nueva propuesta ha sido en formato de pirámide invertida, de manera que la base de la pirámide la conforman los primeros alimentos indicados, dejando en la punta de la pirámide, que en este caso se encuentra abajo, los cereales. Los carbohidratos, azúcares y ultraprocesados ni siquiera aparecen en la imagen que representa la nueva propuesta. 

La antigua pirámide data de 1992 y presentaba los cereales y derivados como base de la alimentación, recomendando su consumo a diario y en cantidades importantes. En un segundo nivel se encontraban las frutas y hortalizas, seguidas por los lácteos, huevos y pescados y, en la punta de la pirámide, carnes, grasas y ultraprocesados. 

¿Cómo es posible este cambio tan radical?

Lo primero, puntualizar que el cambio ha sido progresivo, ya que antes de esta nueva propuesta de pirámide invertida, el modelo utilizado en EEUU era MyPlate, introducido en 2011 durante la presidencia de Barack Obama. MyPlate era un sustituto del modelo de la pirámide tradicional y se trata de un plato dividido en cuatro partes donde se presentan dos secciones más grandes correspondientes a cereales y hortalizas y otras dos un poco más pequeñas de frutas y proteína. Los lácteos se representan fuera del plato como acompañamiento. 

La razón por la que la antigua pirámide y la nueva son tan diferentes es porque la antigua fue creada en un contexto de escasez económica. Los cereales aportan energía, son más baratos que las proteínas, eran más fáciles de almacenar y transportar y están disponibles a nivel mundial. Por estas y otras razones, la pirámide se basaba en este producto.

Actualmente, aunque la pobreza y las clases económicas bajas siguen existiendo, se han unido otros problemas como la obesidad y la desnutrición. Esta nueva propuesta busca promover una mejor nutrición, sin embargo, supone llevar una dieta más cara que no toda la población podrá asumir.

Entonces, ¿la nueva propuesta es saludable?

Como cualquier modelo, tiene sus críticas. Una de ellas habla de la relación entre el mayor consumo de grasas animales (saturadas) y las enfermedades cardiovasculares. Evidentemente, todo en exceso es nocivo, por ello lo ideal es aplicar el sentido común. Una alimentación equilibrada, con alimentos reales, no ultraprocesados y manteniendo todos los grupos de alimentos presentes es la forma más sencilla de asegurar que estemos correctamente nutridos. Deberíamos reducir al máximo los aportes de carbohidratos simples de absorción muy rápida y tomar de forma controlada los carbohidratos complejos presentes en legumbres, féculas y cereales.

Y, por último, no hay que olvidar realizar ejercicio físico acorde a la edad y contexto vital y consumir agua suficiente.

Si no estás seguro de si estás alimentándote de forma correcta o quieres conseguir algún objetivo y no sabes cómo, consulta con nosotros.

 

Imagen: Dietary Guidelines For Americans, 2026. Fuente: https://cdn.realfood.gov/DGA.pdf


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